
Vicente Peris ha cambiado la tarrina de su piña cilindro Frutifresh, uno de los productos de su división de IV gama. El envase nuevo pesa 23,1 gramos frente a los 28,7 del anterior, alrededor de un 19,5 % menos de plástico por unidad. La empresa ha rebajado las dos piezas: el cuerpo pasa de 22,9 a 18,3 gramos (un 20,1 % menos) y la tapa, de 5,8 a 4,8 gramos (un 17,2 % menos). Sigue siendo de polipropileno, lleva un 10 % de material reciclado y es 100 % reciclable. Lo ha publicado FoodRetail el 2 de septiembre.
La reducción no se ha quedado en el peso. Según el fabricante, el nuevo material es más flexible, lo que favorece el termosellado y aguanta mejor los golpes pequeños, con menos riesgo de rotura en el transporte, la manipulación y el lineal. La tarrina sigue dejando ver la fruta y ahora lleva la imagen de la marca. El director general, Alberto Montaña, lo resume así: «En IV gama el envase forma parte del producto y cualquier cambio tiene que estar muy medido». La división comercializó 2.300 toneladas en 2025, prevé 2.500 en 2026 y supone cerca del 47 % de la facturación de la compañía.
Qué significa para una planta de envasado
Quitar gramos a un envase parece un cambio de compras, pero se nota sobre todo en la línea. Una pared más fina y un material más flexible cambian cómo se comporta la tarrina en cada punto: al desapilarla, al llenarla, al sellarla, al transportarla por la cinta y al encajarla. Lo que antes funcionaba con márgenes amplios puede quedarse justo.
El punto más delicado es el sellado. En fruta cortada, con caducidades de pocos días, una soldadura defectuosa no suele verse al salir de la máquina: aparece días después como fuga, producto deteriorado o reclamación. Un material que sella mejor es una buena noticia, pero obliga a revisar la ventana de proceso (temperatura, presión y tiempo de las mordazas) y a confirmar que sigue siendo estable con el material nuevo, lote tras lote y con el reciclado incorporado. Zumo o restos de fruta en la zona de sellado, un film mal centrado o una tapa deformada son fallos típicos que conviene detectar en línea, en el 100 % de las unidades, y no en una muestra al final del turno. Es el terreno de la inspección de sellado con visión artificial.
También cambia la manipulación. Un envase más ligero y flexible puede deformarse en transferencias, guías o empujadores ajustados para el anterior, y variar su comportamiento en el apilado y el encajado. Y si la reducción se suma a un aumento de volumen, cada pequeño porcentaje de rechazo pesa más en la merma total.
Claves prácticas antes de aligerar un envase
- Valide la ventana de sellado con el material nuevo, incluidos sus lotes con reciclado, y registre los parámetros de cada turno.
- Inspeccione el sellado en el 100 % de las unidades: contaminación en la soldadura, arrugas, film desplazado y tapas deformadas.
- Revise guías, transferencias y agarres ajustados para el envase anterior: un envase más flexible puede atascarse o deformarse donde antes no lo hacía.
- Mida la merma y las reclamaciones antes y después del cambio, para saber si el ahorro de plástico se mantiene en la cuenta final.
- Pruebe la paleta completa: apilado, transporte y lineal, no solo la unidad suelta.
Aligerar envases es una tendencia que seguirá, y el caso de Peris muestra que se puede hacer sin perder protección del producto si el cambio se mide de principio a fin. Si está preparando algo parecido en su línea, hablemos.
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