
Galletas Gullón invertirá 196,3 millones de euros entre 2026 y 2030 en un plan que el Consejo de Gobierno de la Junta de Castilla y León ha declarado Proyecto Industrial Prioritario, según Zamora News. Esa declaración reduce a la mitad los plazos de tramitación que dependen de la Junta. El plan tiene dos piezas: una plataforma logística robotizada en Aguilar de Campoo, con un silo climatizado de 38 metros de altura y capacidad para 37.400 palés, y una fábrica nueva en Villamuriel de Cerrato, también en Palencia.
La segunda es la que más interesa desde la línea. Será la primera fábrica de la empresa fuera de Aguilar de Campoo desde su fundación en 1892, como recuerda Interempresas, y se dedicará a preparados alimenticios homogeneizados y productos dietéticos, con el foco puesto en las gamas sin gluten y sin lactosa. Arrancará con tres líneas, está preparada para sumar hasta nueve más y el proyecto incluye digitalización, trazabilidad por lotes, control de alérgenos, inspección en línea y medidas de eficiencia energética. La empresa prevé 140 empleos directos.
Qué significa para una planta de envasado
Llevar la producción sin gluten y sin lactosa a un centro propio es, en sí mismo, una medida de control de alérgenos: elimina buena parte del riesgo de contaminación cruzada que tiene una planta compartida. Pero el riesgo no desaparece del todo; se desplaza al envasado. En un producto «sin gluten», el error más probable ya no es la materia prima equivocada, sino el envase equivocado: una bobina de film o una etiqueta de otra referencia, un lote mal impreso o una caja que no corresponde a lo que lleva dentro. Y ese error tiene la misma consecuencia que una contaminación, porque la persona celíaca o intolerante confía en lo que indica el envase.
Por eso, en una fábrica así, la inspección en línea no es un añadido, sino parte del diseño. Lo razonable es comprobar en cada envase que el material de embalaje corresponde a la referencia que se está fabricando (por código, por texto o por patrón gráfico), que la fecha y el lote son legibles y correctos y que el envase está bien cerrado. Las cámaras con lectura de caracteres y verificación de códigos hacen ese trabajo al ritmo de la línea y apartan la unidad defectuosa antes de que llegue a la caja. En nuestra página de control de fecha y lote explicamos cómo se plantea.
La trazabilidad por lotes es la otra mitad. Si cada lectura de la cámara queda registrada con su lote, su hora y su línea, ante una reclamación se puede acotar en poco tiempo qué se fabricó, con qué material y qué salió de la planta, en lugar de retirar días enteros de producción. Y una fábrica que arranca con tres líneas y está pensada para crecer tiene una ventaja: puede fijar desde el principio un mismo estándar de inspección, de datos y de recetas, de modo que cada línea nueva se incorpore sin reinventar nada.
Cuatro claves para líneas sin alérgenos
- Verificar el material de envase: que film, etiqueta y caja corresponden a la referencia en curso, comprobado automáticamente en cada arranque y durante toda la producción.
- Leer fecha y lote en cada unidad: no por muestreo; un código ilegible en un producto para celíacos es un producto que no se puede vender.
- Registrar cada rechazo con su causa: el dato sirve para la trazabilidad y para saber qué falla más (impresora, material o cierre).
- Un estándar para todas las líneas: los mismos criterios, recetas y datos desde la primera línea, para crecer sin perder el control.
Construir una planta desde cero es la mejor ocasión para que el control de alérgenos y la trazabilidad formen parte del diseño y no se añadan después. Si está preparando algo parecido, hablemos.
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